lunes, 29 de agosto de 2011

Toda una generación ha progresado adecuadamente.

El “Necesita mejorar” (NM) y “Progresa adecuadamente” (PA) aparecieron en 1981 con la aplicación de la Ley Orgánica Estatuto de Centros Escolares (LOECE), propugnando la evaluación continua para los ciclos inicial y medio.
Establecer la evaluación continua supuso una verdadera evolución, viniendo como veníamos de la Ley General de Educación de 1970. Esa evaluación continua hoy sigue vigente y nadie se cuestiona evaluar de otra manera. En todo caso, los métodos y herramientas.

Con la LOGSE (1990) se estableció la misma evaluación continua para el ciclo superior, y mantenía tanto el “progresa adecuadamente” como el “necesita mejorar”. Y así hasta la LOE de 2006.

25 años. Toda una generación.

Prácticamente todos los alumnos “progresaban adecuadamente”, puesto que se trataba de partir de los conocimientos y capacidades iniciales de cada alumno y ver cómo día a día iban incorporando nuevos procedimientos y/o conocimientos. No necesariamente, se evaluaba continuamente según la capacidad de cada alumno. Sólo en sus producciones.

Mal, muy mal hay que hacerlo para no aprender algo nuevo cada día. Incluso sin proponérnoslo.

Desde mi punto de vista, era un sistema injusto. Los que trabajaban mucho, se esforzaban mucho y aprendían mucho, obtenían el mismo resultado que el compañero de detrás, que se esforzaba poco y aprendía lo justito, aun pudiendo hacer más. Y eso no incentiva el esfuerzo personal (que levanten la mano los que, trabajando hoy en día, no sienten que deben dejarse la piel en su trabajo para alcanzar sus objetivos). Y, a lo mejor, ahora vamos justos de personas con capacidad de sacrificio, de trabajo y de superación personal.

Así, a lo mejor hemos criado una generación acostumbrada a conseguir sus resultados sólo por estar ahí. Una generación que, mientras estudió, siempre progresó. Y ahora se encuentran con que les cuesta mucho progresar y se preguntan porqué.  Es la misma generación que cree que tiene derecho a todo (porque para ellos siempre fue así), pero no siempre recuerda sus obligaciones (porque nunca se las exigieron). Una generación poco acostumbrada al esfuerzo y que cuando se ha encontrado delante de obligaciones adultas todo le molesta, porque “tienen sus derechos”: derecho a tener un trabajo sólo por tener más de 16 años; derecho a un sueldo digno, aunque la ejecución diaria de su trabajo no siempre lo sea.

Tal vez la tan cacareada falta de espíritu emprendedor en España se estuvo gestando durante 25 años, y no nos dimos cuenta. O sí nos dábamos cuenta pero nadie le decía al emperador que iba desnudo (y si alguien, alguna vez, lo dijo, se le hizo callar).

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