viernes, 27 de enero de 2012

La excepcionalidad del pino.

Explicaba el otro día a un grupo de amigos que estando en clase, mis alumnos tenían ante sí una preciosa ficha sobre el pino (con datos a nivel de 1º de Primaria, eso sí) para luego rellenar otra preciosa ficha sobre el olivo. Ambas basadas en unas preciosas fotos de pino y de olivo.

También les explicaba que ni me había planteado rellenar las fichas de otra manera que a partir de la foto y tirando de  la memoria de los niños:  “¿Sabéis qué quiere decir rugoso? ¿Os habéis fijado alguna vez en la forma de las hojas de los pinos, como agujas? ¿Recordáis cómo son las piñas?"

Pero son niños de ciudad. Alguno no recordaba más piñas que el fruto tropical de los supermercados… (a pesar de las recurrentes visitas a los bosques en otoño y primavera los cursos anteriores).

¿Soy una maestra nefasta por no pensar en acercar ese entorno a mis alumnos? ¿Soy maestra de pocos recursos, sota, caballo y rey, todo en papel, nada en la realidad?

No. Más bien soy una maestra que haría las clases de Conocimiento del Medio en un mercado o en un vivero de plantas (por la cercanía a la ciudad).

Y, ¿entonces?

¡Pues que esto cada vez es más América!: hay que tener autorización para todo. Autorizaciones para cualquier salida de puertas afuera del colegio, hay que tener las salidas previamente autorizadas –que no pase nada si has salido y antes no estaba aprobado por el Consejo-, hay que tener autorización para desplazar a un niño en coche, hay que tener autorización firmada por un médico para dar un antipirético…

Pues a pesar de todo, en 15 segundos decidí que ese trabajo, hecho en clase, no iba a servir para nada. Me lié la manta a la cabeza, cogí a los 25 niños, bajamos la escalera, abrimos la puerta y nos plantamos en el parque que tenemos delante del colegio (que tiene varios pinos y un olivo).

Y de ahí la excepcionalidad del pino. Que lo que debería ser normal en la educación primaria del pensamiento concreto se haya convertido en algo excepcional que requiere de demasiadas bendiciones y burocracia.  Un poco más de pinos y un poco menos de fotos de pinos tampoco nos vendrían mal.

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