lunes, 19 de diciembre de 2011

Llegan las vacaciones. Hay que conciliar.

Bien, pues ya están aquí. Ya hemos llegado a un nuevo periodo más o menos largo de vacaciones para los escolares (desde la Ed.Infantil hasta el Bachillerato).

Y como las golondrinas, también vuelven los alegatos de las familias, vía asociaciones de padres varias, a favor de la conciliación de la vida familiar y laboral de todos los trabajadores… menos de los docentes.

Los mismos padres y madres que decidieron responsablemente su paternidad y maternidad, habiéndose planteado –claro- que sus recursos y trabajos les iban a permitir hacerse cargo de sus hijos son algunos de los que suelen comentar: “ay, y ahora tres semanas/meses con los niños en casa!”, “qué ganas tengo de que vuelvan otra vez al colegio!”, “qué suerte –a los maestros-, ahora ya no tenéis a los niños!” (a sus niños!). Y que si contestas diciendo “pues en cualquier momento te puedes hacer maestro/a…” te contestan “huy, no! Que yo no tengo paciencia”.

Todos los padres y madres que recuerdan que tienen hijos cuando llegan las vacaciones, y es entonces cuando argumentan lo importantísima que es la escolarización y la educación (por este orden), y que qué pocas horas hacen, que más tendrían que hacer porque hay mucho que aprender... olvidan que los maestros y profesores, muchos, también tienen familias que atender. Ah, pero solo es importante para los niños de Infantil y de Primaria (como en la ESO y el Bachillerato ya son autónomos para ir, volver, entrar y salir… pues ya no es tan importante).

Familias, con todo el cariño y habiendo conocido el mundo de los trabajos de “horario flexible” (es decir, aquellos cuyo horario de entrada es el que es pero cuyo horario de salida se estira como el chicle sin horas extras que valgan): el problema de conciliación no lo provocan ni los colegios, ni los profesores, ni sus horarios y jornadas laborales anuales. El problema de la conciliación laboral radica en las empresas que obligan al presentismo, que no flexibilizan horarios ni vacaciones (todos en agosto!, consiguiendo todo un país cerrado por vacaciones -salvo  restaurantes y hoteles de costa-) o las empresas que pagan por horas de presencia y no por resultados.

La reivindicación de conciliación tiene que dirigirse a las empresas y a la racionalización de sus horarios (¿2h para comer y salidas a las 8 de la tarde?, ¿tiendas cerrando a las 9 y media de la noche?).

Lo siento, la jornada laboral de los maestros no tiene la culpa de las jornadas irracionales que ofrecen las demás empresas a sus trabajadores.

Padres e hijos deberían acabar sus jornadas a la misma hora. Si me apuran, los niños deberían acabar a las 3 de la tarde, una vez ya comidos, habiendo empezado a las 8 de la mañana.  “Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión…”

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