miércoles, 28 de septiembre de 2011

No ver, no oir, no decir.

Empezaré aclarando lo que sé: sé que voy a hablar de niños con algún trastorno, síndrome o enfermedad, sé que son niños y sé que sus actos no son voluntarios ni tienen la intención de dañar. También sé que están amparados por los derechos que amparan a todos los niños, entre ellos el derecho a la educación. Todo eso lo sé.

Una vez aclarado, explico que estoy hablando de menos de un 1% de niños escolarizados en educación Primaria, junto a más de un 99% de niños que no padecen esos trastornos.
Hay niños que agreden. A sus compañeros y a los profesores que tienen a su alcance. Seguramente a sus padres y hermanos también.

Como tienen derecho a estar escolarizados, están en una clase junto a niños que normalmente son bastante pacíficos (a parte de algún empujón o alguna patada jugando en el patio).

Las agresiones pueden ser escupir repetida y abundantemente a los otros niños que, normalmente, no se vuelven. Algunos lo aguantan estoicos porque intuyen que eso no es “normal”, otros lo viven con miedo.

Pueden ser patadas o puñetazos, en cualquier parte del cuerpo de los otros niños o de los profesores. Niños y profesores que acaban llenos de moratones, en el mejor de los casos.
Pueden ser empujones por unas escaleras. Pueden ser lanzamiento de objetos, de diferentes materiales y consistencias.

Puede ser la utilización a modo de estilete de las tijeras escolares.

Algunos compañeros acaban en el hospital. Pero entonces ya hace días que profesores y dirección de la escuela ha dado la voz de alarma a la administración educativa, eso sí, con discreción. A veces, los EAP se interesan por el caso.  Tras reiteradas demandas se puede conseguir que la administración ponga a una persona con la única función de reducir al niño que agrede y sostenerlo tratando de evitar que siga dañando a los otros niños. Pero esa persona acaba también lesionada.

Algunas familias se quejan, asustadas. Algunos de los compañeros de ese niño tienen pesadillas. Las direcciones de los centros solo piden a las familias que tengan paciencia y que no alcen mucho la voz. Algunas familias ni se quejan.

La administración no quiere oir hablar de que hay niños en riesgo físico y aluden a los derechos del niño agresor. Piden a los profesores que no personalicen los ataques del niño sobre ellos mismos. Tampoco quieren oir que los profesores/ maestros trabajan en situación de riesgo físico.  Los sindicatos, por cierto, tampoco.  Pero el hecho es que hay profesores y niños dañados.

Los derechos de el otro más que 99% de los niños (incluido el de recibir educación) no representan nada. Van cada día al colegio sabiendo que:
  • Serán agredidos
  • Verán cómo agreden a sus profesores
  • Dejarán de tener clase muchos minutos al día.
Y algún padre del otro 99% de los niños decidirá que su hijo cambiará de colegio, dejando atrás su entorno conocido, sus hábitos y sus amigos. Única salida.
 
Y la administración mirando hacia otro lado. No ver, no oir, no decir.

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