lunes, 18 de junio de 2012

9ª carencia- Reducción de recursos: gomets contra tijeras

Tal vez ahora, esta que numero como novena carencia debería situarse en primer lugar. No solo eso, tal vez debería descomponerla en todas las consecuencias que lleva asociadas.

En cualquier caso, se me llevan los demonios. No porque mi sueldo se haya reducido, que sí. No porque se reduzca el número de profesores para aumentar el de alumnos, que también. No porque defiendan que la reducción de recursos –económicos- no está afectando a la calidad de la enseñanza… sino porque los más perjudicados son los de siempre, los más débiles.

Ligados a algunas de las carencias enumeradas en anteriores posts, hay niños para cuyas familias la principal prioridad en su vida es comer cada día (al parecer, un 25% de la población de Cataluña) así que sus dificultades escolares quedan en un segundo plano (o tercero, o cuarto…).  Seguramente, esto supondrá que un 25% de esta generación de niños sea una generación un 25% perdida de aquí a 15 años.

Hay niños que han nacido aquí (algunos llegan ahora, pero cada vez son menos) pero que en su casa no hablan catalán y, a lo peor, ni castellano. Están obligados a estar escolarizados pero en su escuela no se llega al mínimo de niños en esa misma situación, por lo que se encuentran sin aula de acogida que los acoja (valga la redundancia). Algunos, incluso, llevan ya aquí más de los 2 años establecidos pero siguen sin tener un dominio operativo del idioma. Así pues, su escolarización representa 5 ó 6 horas de mirar al techo (conozco casos). No entienden casi nada de lo que se dice, explica, cuenta, representa...  Y no hay recursos para atenderlos de forma útil. Sus familias no les pueden ayudar ni dentro ni fuera de casa (no hay dinero).

Hay niños con dislexia (algunos, incluso, sin diagnosticar). Si su familia ha de decidir entre comer o buscarles un lugar que les ayude con la reeducación, ¿cuál creéis que será la opción elegida?

Por todo esto, si:

  • Estudias o eres diplomado en magisterio y tienes tiempo este verano
  • Eres psicólogo colegiado
  • Y quieres ayudar a enganchar, aunque sea con gomets, algo de lo recortado

Busco ayuda en Sabadell para:

  • Dedicar 1h al día para jugar, hablar, contar y que te cuenten cosas niños que no dominan el catalán o no han formado parte de un aula de acogida (por estar en un centro que no llegaba al mínimo de niños exigido) y sin recursos .
  • Pasar pruebas para diagnosticar a niños con “sospecha” de dislexia y sin recursos económicos.
  • Ayudar a reeducación de niños con dislexia sin recursos económicos.
Si crees que puedes ayudar y demostrar que solo las personas podemos cambiar las cosas, contacta conmigo en teclaiguix@gmail.com

Gomets contra tisores: un gomet es poca cosa pero... pega.

domingo, 10 de junio de 2012

Tener en cuenta las ideas de 10 personas en lugar de esperar la idea genial de una sola (7º estado del espíritu kaizen).

O dicho de otra manera: hay más comida en miles de sardinas que en un solo atún.

La forma más cercana de explicar el sentido de este “estado del espíritu kaizen” sería el perfeccionismo mal entendido como virtud: esas personas que revisan y revisan, y rehacen y así mil veces sin encontrar nunca el momento de dar por terminado un trabajo y entregarlo donde sea que lo esperen. ¿Utilidad de todo ese trabajo llevado a cabo?: Ninguna.

Pues con las ideas de mejora pasa algo semejante.

Algunas empresas premian las que más ahorro de costes han producido y las llegan a premiar con, incluso, un coche para el equipo que tuvo la idea y persiguió su implementación (planta de VW en Navarra, por ejemplo). Pero claro, las ideas que supongan en ahorro el coste de un coche no aparecen cada día. De hecho, estas son las menos.

Pero en el día a día nos topamos con multitud de pequeños detalles que, de modificarlos levemente y ahora mismo, a partir de mañana nos facilitarán enormemente nuestro trabajo, sea por reducción de tiempo de dedicación, por reducción de coste o por mejora de la calidad de nuestro trabajo (plazo, coste, calidad, los 3 pilares de la orientación al cliente -interno o externo-).

En estas pequeñas cosas de nuestro día a día, podemos intervenir nosotros directamente y mejorar en cuestión de minutos. Alguna vez necesitaremos una autorización (para comprar un mueble, por ejemplo) y otras veces necesitaremos de todo un equipo que nos ayude a implementar nuestra idea (electricistas, un persianista…). Pero, la mayor parte de las veces, si miramos a lo que hacemos cada día, seguro que nos surgen un montón de ideas. Solo hay que estar atentos y no dejarlas caer en el olvido sin más.

Es cierto que hay días que no vemos más allá de nuestras narices pero hay otros que son un no parar de ideas fluyendo…

Así, si todos hacemos lo mismo, estamos aportando a nuestra organización multitud de pequeñas mejoras cada día.

Si esperáramos a la gran idea revolucionaria que lo va a cambiar y mejorar todo, tal vez deberíamos esperar años. Y mientras tanto, la casa por barrer.

Un único requisito para estar en este estado del espíritu kaizen: entender que es cosa de todos y de cada día.  Solo así tendremos los miles de sardinas.

Nota: la principal dificultad radicará en los “no se puede”, “no es cosa mía”, “no me pagan para eso”… En fin, seguro que conocéis a alguno. Y sí se puede, sí es cosa suya y sí le pagan para eso.

miércoles, 30 de mayo de 2012

QUÉ AÑITO!

Hacía días y días que no escribía nada. Se me había llegado a pasar por la cabeza dejar de hacerlo definitivamente. He llegado a creer que esto de la educación institucionalizada, legalizada y ultra controlada no le interesa en realidad a nadie. O al menos, a nadie que no se dedique a la docencia (desde cualquiera de sus vertientes: magisterio, edición de materiales, de libros, creadores de actividades o talleres…).

Ha sido un año duro. Lo externo a las aulas ha sido duro (y puede que aún lo sea más) pero, en mi caso, lo realmente desmotivador ha estado dentro.

En tres semanas, los niños empezarán sus vacaciones y no veo el momento de que llegue el día (aunque yo siga trabajando).

Doy los buenos días, uno por uno a mis alumnos, cada mañana, mientras esperamos para subir a clase. Les comento su corte de pelo, el partido de ayer o les pregunto por lo que llevan en las manos (mira que llegan a llevar cosas en las manos los niños…!).

Empiezo todas mis clases con las cejas muy levantadas, los ojos muy abiertos e intentando hacerles creer que lo que vamos a hacer es fantástico.

He agrupado a mis alumnos de diferentes maneras. Les he propuesto actividades “de libro” y actividades creativas. Les he propuesto retos, he intentado hacerles escuchar y hacerles hablar.

He explicado a las familias la necesidad de la lectura diaria, de los correctos hábitos de sueño y de descanso, de la importancia de la puntualidad y del desarrollo de la autonomía de los niños. He recomendado visitas a oftalmólogos o a otros especialistas, dependiendo de los casos.

¿Y cuál ha sido el resultado? Ninguno.

A final de curso, solo dos alumnos responden a mi saludo y a mi despedida diaria uno a uno.

Mientras yo proponía con las cejas levantadas y los ojos muy abiertos, la visión que yo he tenido hora tras hora delante de mis ojos ha sido la de unos 20 niños cada uno a lo suyo (pintando en mesas, en papel de wc, en libros, sacando absolutamente todos los colores del estuche con ningún motivo, algunos hablando entre ellos, otros haciendo muecas a algún compañero, comiéndose la ropa, comiendo galletas, rompiendo las puntas de los lápices y los colores -propios y ajenos-, contando cromos…).

Cuando los he agrupado, unos han roto el material de otros, o se han pegado, o no han hecho nada de nada, a pesar de haber probado unas decenas de combinaciones de niños.

He visto alumnos (bueno, solo uno) durmiéndose día sí y día no en clase.  He tenido alumnos que sistemáticamente llegaban 15 minutos tarde; he tenido que explicar unas 150 veces que el trabajo no acabado en el cole y que se lleva a casa no son deberes, las mismas veces que he explicado que es trabajo del hijo y no del padre o la madre (como respuesta a la reclamación “es que no acabo nunca con los deberes”, dicho por progenitores).

Más de 20 de mis alumnos no han leído ni un solo día en casa con sus padres. Y en primero de Primaria, el tiempo de lectura en el colegio no siempre es suficiente. Como no leen, no entienden enunciados (ni mucho menos, textos más largos). Olvidémonos pues del “aprender a aprender” y de la autonomía.

Han preparado decoraciones y trabajos de plástica que luego, ellos mismos, se han ocupado de ir rompiendo poco a poco, cada vez que pasaban por el pasillo.


Mis alumnos no hablan: si les preguntas o propones temas (por algo que han hecho o por cualquier otra cosa, para trabajar la expresión oral) solo ves movimientos de cabeza, afirmativos o negativos. Pero jamás oirás su voz.

Eso sí, cada día al menos 4 niños (y digo “al menos”) han pegado a otros tantos (patadas, bofetones, puñetazos, empujones, zancadillas por escaleras…).

Y dando datos, al menos 3 alumnos tienen trastorno de lectoescritura, al menos 2 presentan déficit de atención, al menos dos presentan hiperactividad, y otros dos … no sabemos (todo ello analizado –que no diagnosticado- por profesionales del cole) pero no sé si alguna vez llegarán a tener un diagnóstico, porque para eso hay que visitar a algún médico.  También calculo que otros 3 llevarán gafas tarde o temprano (cuando visiten a un oculista…).

He oído cientos de veces de sus padres que me olvidara de tanto conocimiento, tanta suma y tanto trabajo, que sus hijos son pequeños.

En fin. Que no ha sido un buen año. Y lo he echado todo aquí, lo siento.  Y espero que empiecen sus vacaciones. Y esperaré a que cumplan los 12 y ver su evolución. Y espero descansar y querer volver a empezar en septiembre. Aunque, a día de hoy, no lo tengo claro.

Ah! La foto de hoy es mía, de este curso.

lunes, 14 de mayo de 2012

El proceso psicológico básico marginado

Parece ser que para saber enseñar hay que entender qué hace nuestro cerebro y como funciona para aprender. Y eso se enseña en Magisterio pero también hay otras muchas disciplinas encima de estos procesos, para intentar entenderlos, dominarlos, y usarlos a “favor” de las personas (o, a veces, de las organizaciones).

Simplificando infinitamente, un listado de los procesos psicológicos básicos (incluido el “innombrable” al final del todo)

Motivación
¿Qué decir del proceso más investigado para su uso en pro de las empresas? La piedra filosofal que los profesores nos pasamos la vida buscando y que no siempre encontramos.
Ríos de tinta dedicados a incrementar la motivación de empleados, emprendedores, alumnos… Podría pensar que no es un interés altruista ya que la motivación de una persona hace mucho por sus resultados (y, por ende, de la organización para la que trabaja). ¿Será que está de moda?

Emociones
Ira, alegría, tristeza, ansiedad, sorpresa, miedo… Algunas de ellas se habían tratado someramente en las escuelas (las empresas hacen poco caso, en general, de ellas –salvo si tienen un carácter motivador- aunque a partir de Goleman -1999- y su libro La Inteligencia Emocional, la cosa cambió –en algunas empresas¬-).

Se plantea que las escuelas deben, también, educar las emociones. Se piensa que las emociones influyen, entre otras cosas, en nuestra forma de aprender y en las cosas que podemos aprender.

Aprendizaje
¿Cómo aprendemos? ¿Cómo favorecer el aprendizaje? En fin, prácticamente toda la carrera de Magisterio metida en una parte de una asignatura. Bien es cierto que también existe la Psicología del Aprendizaje. Importante, ¿no?

Atención
Fundamental. Se considera que si no somos capaces de focalizar nuestra atención en algo concreto nos va a ser muy muy difícil aprender nada de ello. Es tan importante que a algunos niños se les medica para que su cerebro recupere la capacidad de atención y ayudarles, así, en su proceso de aprendizaje. Súper de moda, también.

Percepción
De cómo percibamos las cosas depende que las aprendamos o no, que actuemos de una manera o de otra. Puede afectar, también, a la motivación y, por lo tanto, también al aprendizaje.

El coaching, también muy en boga, se ocupa en parte de que nos planteemos nuestras percepciones de la realidad para, a partir de ellas, cambiar nuestra conducta (simplificando también).

Las personas con déficits de percepción (visual o auditiva, por ejemplo) requieren de adaptaciones para acceder a determinados contenidos.

Pensamiento
La forma en que procesamos la información, la integramos, imaginamos, deducimos, establecemos nuevas relaciones entre conceptos o experiencias; razonar, resolver problemas… ¿Podríamos creer que lo que se intenta enseñar en la escuela es a pensar a partir de los otros procesos?

Lenguaje
La piedra angular de la escuela: la forma en que se adquiere, oralmente y por escrito, a producir y a comprender.  El conocimiento humano y su transmisión se basan en el lenguaje. Tanto que a los alumnos con déficits en esta área se les reeduca, se les adaptan los contenidos… Nadie duda de su importancia en el ámbito escolar.

Las empresas también le dan importancia (se piden dotes de comunicación; competencias comunicativas; capacidad de adaptar el lenguaje al auditorio…).

Memoria
No sé qué hace todavía incluida en el conjunto de los procesos psicológicos básicos. Cualquier profesor que defienda su necesidad, que enseñe a memorizar algo, que pretenda que sus alumnos recuerden algo… será estigmatizado por reaccionario, antiguo y antipedagógico.

Sin embargo, muchos de los procesos anteriores (al igual que un ordenador) no funcionan sin datos previos almacenados en su sistema de memoria.  La creatividadm, por ejemplo, no surge sin activar y recuperar datos memorizados.

Por algún motivo que se me escapa, se cree que memorizar implica eliminar razonamiento, pensamiento, lenguaje, atención…

¿Alguien puede imaginar a un –por ejemplo- cocinero, leyendo continuamente cada receta para poder prepararla? ¿O leyendo listas de ingredientes, sus características y recetas para crear algo nuevo?

Pues en la escuela está mal visto memorizar. Hay niños que nunca aprenden a memorizar nada y ya de adultos sabemos que cuanto menos memorizamos más nos cuesta aprender cosas nuevas o memorizarlas o recordarlas. Que es una capacidad que cuanto menos se usa, más se pierde.

Pues nada: eliminemos la memoria; dejemos de investigar como almacenamos información y como la recuperamos. Y dediquémonos únicamente a aprender de donde obtener información (claro que, tendremos que hacerlo con una lista escrita de donde ir a buscar, porque nuestra memoria estará inutilizada).